miércoles, 1 de febrero de 2017

COSAS QUE PASAN

¡LIBROS VOLADORES! PUES, LO NORMAL




         COSAS QUE PASAN


Hasta hace unos meses, pensaba que todos esos contratiempos, esas cosillas algo extrañas que me ocurren en mi día a día, era algo normal en todas las personas…pero parece ser que no. Cuando se lo cuentas a los amigos, es ahí donde te percatas de que parece que tengo un imán para ciertas situaciones y personas. De hecho, tengo una amiga que cada vez que se junta  con sus amigos les relata que “tiene una amiga muy graciosa y que le suceden cosas surrealistas”. ¡¡Qué maja es mi amiga!!

Yo quiero pensar que no es así. De hecho no creo que sea para tanto. Es verdad que, como ya lo comenté en otra entrada, una vez puse a hervir un conejo dentro de la olla y ¡¡no le quité la piel!! Nadie me dijo que había que quitársela y de sobra sabían mis problemas con la cocina...¡¡lo hicieron aposta, seguro!! Para reírse a mi costa. Yo les digo que la vida es un caminar y que, en ella, te puedes encontrar con situaciones diversas. Pero claro, cuando me insisten en que a ellos no les pasan esas cosas pues ya me dejan con la duda. Sin ir más lejos, creo que ya lo comenté hace poco en facebook. Me mandan muchas solicitudes de amistad pero… ¡son hombres viudos y marines de los Estados Unidos de América! ¡¡viudos!! Yo lo siento mucho por ellos, de verdad pero, joer qué difícil me lo ponen. Y es que últimamente ya no es tan selectivo…ahora me las mandan a destajo; sin condición, raza ni oficio. Ale, venga, dejad que los viudos se acerquen a mí.

Estoy intentando recordar aquellas situaciones que, mis amigos, consideran más surrealistas. ¿Gloria? ¿Te acuerdas de la niña chinita agarrada a tu pierna?-me dicen. ¡Cómo no me voy a acordar!. Resulta que estaba esperando a mi madre en una esquina de la calle para acompañarla a dar un paseo. En esto que llega una chinita de unos cuatro años y se me agarra a la pierna diciéndome:¡mami,mami! Imaginaos. Yo la intento hablar pero no me entiende. Le digo hola. Le digo Ni hao (hola en chino) y ella nada. Solo  ¡mami, mami! Miro alrededor. Veo a muchos chinos, casi todos iguales, pero ninguno la conoce. La chinita cada vez grita más ¡mami,mami! Y sigue agarrada a mi pierna. En esto que pasa una mujer por allí, ve la situación y encima me recrimina:¡¡menuda madre!! Cójala en brazos ¿no ve que se lo está pidiendo la criatura?!! Yo miro hacia arriba intentando descubrir la cámara oculta. Señora, es que no es mi hija. No sé quién es, le digo. Pero solo la escucho decir ¡qué valor, qué valor! mientras se  alejaba. En ese momento llegó mi madre. Ya me habían formado un corrillo la gente que se paraba a contemplar a la chinita. Había dejado de gritar y ahora sonreía pero me seguía llamando ¡mami,mami! Entramos en las tiendas de chinos más próximas a esa esquina. Nadie la conocía. Llamé a la policía, les conté lo sucedido pero …jajaja no me dejaron irme. Me pidieron, por favor, que les acompañara con la chinita porque no había forma de que se fuera con ellos. A ellos les negaba con la cabeza. Y me señalaba a mí. Entramos en otra tienda china y a la dependienta le preguntamos si la conocía. Nada, de nada. Los policías le dijeron que la hablaran, que la preguntaran dónde estaban sus padres pero…contestación de la señora: “No entendel. Yo hablal solo chino mandalín. Ella habla otlo chino. Muchos chinos, chino wo, chino jin, chino cantonés! Situación extrema ya. Y justo cuando salíamos de allí apareció un chino diciendo que era su padre. Me miraron los policías, hubo un silencio y yo me percaté: ¡¡eh, eh!! que de verdad que yo no soy la madre. Por lo visto los de las tiendas a las que habíamos entrado, corrieron la voz de la chinita agarrada a la pierna de una mujer. Los polis no se quedaron muy convencidos porque la niñita, en brazos de su padre, se despidió de mí con un ¡¡hola mami!!

No sé. Para mí, vivir situaciones como esta, entra dentro de mi vida. Otra vez, bajando con mi madre en el ascensor del hospital 12 de octubre, al llegar a la planta baja, uno de los que iban dentro, agarró el bolso de la señora que estaba a mi lado y salió corriendo. Yo me fui detrás de él gritando por todo el hall del hospital como una posesa ¡cogedle, cogedle que ha robado un bolso! En la puerta, los de seguridad. Rápidamente  le echaron el guante y cuando llegué a su altura, exhausta, no se me ocurrió otra cosa que meterle una colleja al hombre ¡sinvergüenza!, le dije. Los de seguridad me miraron y fliparon. La gente aplaudía como si hubiera terminado una obra de teatro. Mi madre me agarró del brazo y me dijo:” tú un día me matas de un susto”.

Bueno, lo de entrar en el banco a través de una “pecera” es normal. Vale que aprietes el botón. Que se abre la puerta de cristal; que se oye aquello de “deposite sus objetos metálicos en la taquilla de la entrada” pero ese día…ese día no fue así. Según atravieso la puerta, me quedo parada en el centro y escucho esa voz que dice: “por favor entren de uno en uno” ¡¡¿comoooooo?!! ¡Pero si estoy sola! Miro hacia atrás por si se me ha colado alguien. No hay nadie. Vuelvo a salir. Repito la misma acción y de nuevo: “por favor entren de uno en uno”. Yo, cual pez encerrado, haciendo espavientos a los de dentro intento decirles que no hay nadie. Cuando entro, uno de los del banco me dice que el sensor, a veces, capta mal “el volumen” de entrada. ¿Me está llamando gorda? ¿O es que quizá valgo por dos?... Con ese pensamiento le tuve que decir a mi “ego” que se quedara afuera...por si acaso era él el culpable.

Y así podría estar contando mil y una situación que tampoco considero tan, tan surrealista como me quieren hacer ver:¿A quién no se le ha puesto a llorar una chica durante un viaje porque deja a su novio en otra ciudad? Y encima el trayecto era Irún-Madrid, cerca de seis horas. Seis horas contándome su vida, kleenex tras kleenex  para terminar roncando apoyada sobre mi hombro. ¡¡Por favor, por favor, que se aceleren las obras del AVE!! Si no me veo poniendo un consultorio en la cabina de atrás. Me dijo que llevaban saliendo ocho meses…lo entendí enseguida. Porque cuando llevas ya muchos más años, ni lloros ni leches. Hasta sientes alivio. Ale,ale, os os… que se vaya un rato. ¿Quién no se ha equivocado de sala en un tanatorio y da besos a todo el mundo dándoles el pésame, esperando que llegue alguien conocido? ¿A quién no se le ha caído un implante dental mientras se está besando con su amado? 

Bueno. Os habréis dado cuenta de que tampoco es para tanto ¿verdad? Tengo unos amigos que son unos exagerados. Pues esperaros cuando les cuente que hoy, una vecina, al verme bajo la luz del descansillo, me ha vaticinado que “lo que estoy esperando” va a ser una niña. Sí, sí por la formita de la tripa. Ainsss a punto he estado de decirla que ya tengo nombre para la niña:Menopausia.

2 comentarios:

  1. Después de un denso día (tal vez debería decir duro, porque más se acerca a ese concepto...) has logrado que me haya sonreído de principio a fin de estas líneas.
    ¡Es que tengo una amiga que rompe moldes! Yo no he presenciado estas historias que cuentas pero sí he vivido alguna otra que también nos hizo reír y que recordamos con tanto cariño las tres... Te la dejo por si algún día la realidad se confabula con hiperrealidad y nos visualizamos dando saltos en el mar... tablas de surf alrededor... gestos de jóvenes mazados... y tres sirenas esbeltas plantando cara a las olas...
    Es que las cosas especiales sólo les pasan a las personas con magia. Y tú la tienes en todos los poros de tu piel .
    Gracias por haberme parido la sonrisa.

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  2. Jajajaja ¡¡Cómo no recordar aquel momento único en una de las playas de Biarrtiz!! Si no lo he mencionado en el blog ha sido por respeto tanto a ti como a la tercera "sirenita"...pero al leer tu mensaje me ha vuelto a la cabeza esa imagen de las tres, dando saltitos en el mar, rodeadas de surfistas, comentando lo peligroso que es que estuvieran surfeando con tanta gente jajaja y, sobre todo, a los "dos gendarmes de la plage", silbato en boca, pitidos cada vez más seguidos y estridentes, haciéndonos gestos para que saliéramos y nosotras, con cara de asombro, mirando hacia atrás, a un lado, al otro, Haciendo gestos como de "¿es a nosotras?" hasta que nos dimos cuenta de que, efectivamente, era a nosotras a quienes nos estaban pidiendo que saliéramos del agua. Jajajaja Los cincuenta metros de salida se nos hicieron eternos.¡¡Cómo no haber leído antes que esa playa era exclusiva para los surfistas y que está prohibido el baño!! jajaja pero llegamos con tanto esfuerzo y calor que no miramos nada y fuimos directas a bañarnos jajajaja qué momento...pues así todo. Mil gracias querida amiga "maga".... Besitos

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