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| ¡LIBROS VOLADORES! PUES, LO NORMAL |
COSAS QUE PASAN
Hasta hace unos meses, pensaba que todos esos contratiempos, esas
cosillas algo extrañas que me ocurren en mi día a día, era algo normal en todas
las personas…pero parece ser que no. Cuando se lo cuentas a los amigos, es ahí
donde te percatas de que parece que tengo un imán para ciertas situaciones y
personas. De hecho, tengo una amiga que cada vez que se junta con sus amigos les relata que “tiene una
amiga muy graciosa y que le suceden cosas surrealistas”. ¡¡Qué maja es mi
amiga!!
Yo quiero pensar que no es así. De hecho no creo que sea para tanto. Es
verdad que, como ya lo comenté en otra entrada, una vez puse a hervir un conejo
dentro de la olla y ¡¡no le quité la piel!! Nadie me dijo que había que
quitársela y de sobra sabían mis problemas con la cocina...¡¡lo hicieron
aposta, seguro!! Para reírse a mi costa. Yo les digo que la vida es un caminar
y que, en ella, te puedes encontrar con situaciones diversas. Pero claro,
cuando me insisten en que a ellos no les pasan esas cosas pues ya me dejan con
la duda. Sin ir más lejos, creo que ya lo comenté hace poco en facebook. Me mandan
muchas solicitudes de amistad pero… ¡son hombres viudos y marines de los
Estados Unidos de América! ¡¡viudos!! Yo lo siento mucho por ellos, de verdad
pero, joer qué difícil me lo ponen. Y es que últimamente ya no es tan selectivo…ahora
me las mandan a destajo; sin condición, raza ni oficio. Ale, venga, dejad que
los viudos se acerquen a mí.
Estoy intentando recordar aquellas situaciones que, mis amigos, consideran
más surrealistas. ¿Gloria? ¿Te acuerdas de la niña chinita agarrada a tu
pierna?-me dicen. ¡Cómo no me voy a acordar!. Resulta que estaba esperando a mi
madre en una esquina de la calle para acompañarla a dar un paseo. En esto que
llega una chinita de unos cuatro años y se me agarra a la pierna diciéndome:¡mami,mami!
Imaginaos. Yo la intento hablar pero no me entiende. Le digo hola. Le digo Ni
hao (hola en chino) y ella nada. Solo ¡mami, mami! Miro alrededor. Veo a muchos
chinos, casi todos iguales, pero ninguno la conoce. La chinita cada vez grita más
¡mami,mami! Y sigue agarrada a mi pierna. En esto que pasa una mujer por allí,
ve la situación y encima me recrimina:¡¡menuda madre!! Cójala en brazos ¿no ve
que se lo está pidiendo la criatura?!! Yo miro hacia arriba intentando
descubrir la cámara oculta. Señora, es que no es mi hija. No sé quién es, le digo.
Pero solo la escucho decir ¡qué valor, qué valor! mientras se alejaba. En ese momento llegó mi madre. Ya me
habían formado un corrillo la gente que se paraba a contemplar a la chinita. Había
dejado de gritar y ahora sonreía pero me seguía llamando ¡mami,mami! Entramos en
las tiendas de chinos más próximas a esa esquina. Nadie la conocía. Llamé a la
policía, les conté lo sucedido pero …jajaja no me dejaron irme. Me pidieron,
por favor, que les acompañara con la chinita porque no había forma de que se
fuera con ellos. A ellos les negaba con la cabeza. Y me señalaba a mí. Entramos
en otra tienda china y a la dependienta le preguntamos si la conocía. Nada, de
nada. Los policías le dijeron que la hablaran, que la preguntaran dónde estaban
sus padres pero…contestación de la señora: “No entendel. Yo hablal solo chino
mandalín. Ella habla otlo chino. Muchos chinos, chino wo, chino jin, chino
cantonés! Situación extrema ya. Y justo cuando salíamos de allí apareció un
chino diciendo que era su padre. Me miraron los policías, hubo un silencio y yo me percaté: ¡¡eh, eh!! que de verdad que yo no soy la madre. Por lo visto los de las tiendas a las que
habíamos entrado, corrieron la voz de la chinita agarrada a la pierna de una
mujer. Los polis no se quedaron muy convencidos porque la niñita, en brazos de su padre, se despidió de mí con un ¡¡hola mami!!
No sé. Para mí, vivir situaciones como esta, entra dentro de mi vida. Otra
vez, bajando con mi madre en el ascensor del hospital 12 de octubre, al llegar
a la planta baja, uno de los que iban dentro, agarró el bolso de la señora que
estaba a mi lado y salió corriendo. Yo me fui detrás de él gritando por todo el
hall del hospital como una posesa ¡cogedle, cogedle que ha robado un bolso! En la
puerta, los de seguridad. Rápidamente le
echaron el guante y cuando llegué a su altura, exhausta, no se me ocurrió otra
cosa que meterle una colleja al hombre ¡sinvergüenza!, le dije. Los de
seguridad me miraron y fliparon. La gente aplaudía como si hubiera terminado
una obra de teatro. Mi madre me agarró del brazo y me dijo:” tú un día me matas
de un susto”.
Bueno, lo de entrar en el banco a través de una “pecera” es normal. Vale
que aprietes el botón. Que se abre la puerta de cristal; que se oye aquello de “deposite
sus objetos metálicos en la taquilla de la entrada” pero ese día…ese día no fue
así. Según atravieso la puerta, me quedo parada en el centro y escucho esa voz
que dice: “por favor entren de uno en uno” ¡¡¿comoooooo?!! ¡Pero si estoy sola!
Miro hacia atrás por si se me ha colado alguien. No hay nadie. Vuelvo a salir. Repito
la misma acción y de nuevo: “por favor entren de uno en uno”. Yo, cual pez
encerrado, haciendo espavientos a los de dentro intento decirles que no
hay nadie. Cuando entro, uno de los del banco me dice que el sensor, a veces,
capta mal “el volumen” de entrada. ¿Me está llamando gorda? ¿O es que quizá
valgo por dos?... Con ese pensamiento le tuve que decir a mi “ego” que se
quedara afuera...por si acaso era él el culpable.
Y así podría estar contando mil y una situación que tampoco considero
tan, tan surrealista como me quieren hacer ver:¿A quién no se le ha puesto a llorar una chica
durante un viaje porque deja a su novio en otra ciudad? Y encima el trayecto
era Irún-Madrid, cerca de seis horas. Seis horas contándome su vida, kleenex
tras kleenex para terminar roncando apoyada
sobre mi hombro. ¡¡Por favor, por favor, que se aceleren las obras del AVE!! Si
no me veo poniendo un consultorio en la cabina de atrás. Me dijo que llevaban
saliendo ocho meses…lo entendí enseguida. Porque cuando llevas ya muchos más
años, ni lloros ni leches. Hasta sientes alivio. Ale,ale, os os… que se vaya un
rato. ¿Quién no se ha equivocado de sala en un tanatorio y da besos a todo el mundo dándoles el pésame, esperando que llegue alguien conocido? ¿A quién no se le ha caído un implante dental mientras se está besando con su amado?
Bueno. Os habréis dado cuenta de que tampoco es para tanto ¿verdad? Tengo
unos amigos que son unos exagerados. Pues esperaros cuando les cuente que hoy,
una vecina, al verme bajo la luz del descansillo, me ha vaticinado que “lo que
estoy esperando” va a ser una niña. Sí, sí por la formita de la tripa. Ainsss a punto he estado de decirla que ya tengo nombre para la niña:Menopausia.
